¿Se puede pensar fuera de la caja?

Metodología diseñada por George Land, doctor en Teoría general de Sistemas, plantea que cuando se está resolviendo un problema, el propio problema marca un confinamiento de posibles soluciones

El Desafío de Pensar Fuera de la Caja

Muchas veces nos han dicho “piensa fuera de la caja”. Pues sí, nada más díganme ¡cómo! Al respecto, yo siempre he comentado: sí se puede y no se preocupen, doce seres humanos normales hacen un Steve Jobs.

Primero, les voy a comentar la teoría del “cómo hacerle”, porque sí se puede pensar fuera de la caja. ¿Cuál es la teoría?

La Metodología del Dr. George Land

Esta metodología diseñada por George Land, doctor en Teoría general de Sistemas (lamentablemente falleció hace cuatro años), plantea que cuando se está resolviendo un problema, el propio problema marca un confinamiento de posibles soluciones; por ejemplo, si yo estoy resolviendo un problema con respecto a cómo lograr que dure más un alimento, es decir, que aumente su vida de anaquel, voy a estar concentrándome y buscando soluciones dentro del campo del conocimiento relativo a los alimentos y a los conservadores. Eso NO me va a llevar a soluciones disruptivas, a cosas verdaderamente nuevas.

Entonces, el planteamiento para pensar fuera de la caja es simple: ¡vamos a tener que incorporar conocimiento de otros campos que jamás se nos hubiera ocurrido incorporar a la solución de este problema! Pero lo que vayamos a incorporar necesariamente tiene que estar ligado a mi problema original y, curiosamente, la forma de ligarlo es a través de una contradicción.

Lo voy a ilustrar con la siguiente historia:

La Historia de la Innovación en una Armadora de Buques.

Hace algunos años, la empresa Saint Louis Ship Building, una armadora de barcos pequeños de mucha potencia ubicada en Estados Unidos (como remolcadores para barcos, remolcadores para barcazas, guardacostas, barcos pesqueros de alto calibre, etc.), quiso salir a la bolsa de valores americana, pero no logró porque no tenía los números adecuados, entonces contrataron al Dr. George Land para que los ayudara.

Primero decidieron que querían posicionarse en el área de negocio de remolcadores para barcazas (buque que se pega a las barcazas y las empuja navegando en los ríos); lo segundo fue invitar a todos los clientes de estos remolcadores, es decir, a los operadores importantes de remolcadores, diciéndoles “Ustedes operan remolcadores para barcazas todos los días, lo que queremos es que diseñen el remolcador ideal. Ustedes saben cómo sería ese remolcador ideal”. Los pusieron a trabajar y llegaron a la conclusión de que:

  • Un remolcador ideal debería tener turbinas en lugar de hélices.
  • Tener cabinas confortables, solo dos marineros por cabina con su bañito.
  • Tener economía de combustible; que no queme más de una tonelada de bunker c por hora.
  • Seguridad en la cubierta, etc.

Jerarquizaron los atributos del remolcador ideal y lo primordial era la seguridad en la cubierta.

Al indagar más observaron que un remolcador de buques se mueve en una bahía cerrada en el mismo lugar todo el tiempo, pero un remolcador para barcazas se mueve en ríos y el fondo del río cambia. Para anclar la barcaza se necesita un ancla específica para cada tipo de fondo, es decir, si es un fondo de hierbas, necesitan un ancla para hierbas, si es un fondo rocoso, necesitan un ancla para piedras, si es de lodo, necesitan un ancla para lodo;  éstas son gigantescas y se estiban en la parte superior de la cubierta, lo cual representa muchas maniobras, mucha mano de obra y muchos accidentes, por lo tanto, altas primas de seguro.

El Equipo Multidisciplinario y la Innovación Continua

Después del análisis quedó claro que la verdadera meta de innovación era ¿cómo anclar un remolcador de manera innovadora? Con esta información armaron un grupo de trabajo dentro de la empresa de doce personas, ocho personas internas y cuatro investigadores universitarios contratados para tal efecto. No invitaron al director general ni a los jefes, tampoco ingenieros navales ni mecánicos. Los cuatro investigadores universitarios eran un físico, un químico, un biólogo y un teólogo.

Pero ¿por qué no invitaron a los ingenieros navales o mecánicos? La respuesta es muy sencilla: cuando se quiere romper un paradigma, no hay nada más peligroso que un experto.

Un experto en el tema ¡no te va a dejar innovar! Te dará mil razones por las cuáles tu idea no es viable. Entonces, cuando queremos romper un paradigma, no invitamos a los expertos.

El objetivo es cómo anclar un remolcador para barcazas de una manera totalmente novedosa y totalmente disruptiva.

Ya en el grupo de trabajo, lo primero que tuvieron que definir fue la función del ancla. Propusieron varias, pero la más acertada fue: adherir el barco al fondo.

Una parte interesante del proceso fue investigar qué se adhiere en la naturaleza.

Encontraron muchas cosas: los árboles a la tierra, los caracoles a las superficies planas; sí, encontraron muchas cosas, pero la que más llamó su atención fueron las langostas, no la langosta de mar, sino el insecto,  ese “grillo enorme” que vuelan por millones, se vuelve plaga y se comen la cosecha.

Estudiaron todo lo relacionado a las langostas (insecto) y descubrieron que para crecer tiene que cambiar de caparazón y para lograrlo se adhiere al tronco de un árbol a través del “ancla” en sus extremidades, una especie de gancho con el que se agarra a la corteza.

Esta primera analogía con la naturaleza no es útil, pero sirve para encontrar la paradoja, la contradicción.

La Contradicción y la Búsqueda de Soluciones Innovadoras

Recuerden que el problema es cómo anclar el remolcador de una manera innovadora.

Se va a incorporar conocimiento de otra área que todavía no saben cuál es, pero estas tienen que estar conectadas por una contradicción, y esta contradicción, además, debe representar nuestro problema original.

A esto George le llamaba un viaje ordenado a la locura y decía “cierren los ojos e imagínense que ustedes son una langosta que en este momento está cambiando de caparazón y lo que quiero es que me digan cómo se sienten.”

 Cuando empezaron a decir cómo se sentían, George hizo dos listas: la lista de los sentimientos positivos y la lista de los sentimientos negativos.

Y alguien dijo: “Yo, en este momento me siento libre porque me estoy saliendo del viejo caparazón. Me estoy liberando de este caparazón espantoso.”

Y otra persona dijo: “Yo me siento atrapado dentro del viejo caparazón.”

Y así, muchos dijeron muchas cosas, pero ya habían descubierto la paradoja: libre y atrapado; libre y atrapado es una contradicción, que refleja o representa al ancla y que sí se puede resolver.

Existen ejemplos de la contradicción libre-atrapado, si alguno de los que me está leyendo es casado, ahí está. ¿No están libremente atrapados en su matrimonio?

Como ya dije, esta contradicción refleja el ancla, porque el buque o está atrapado o está libre.

Entonces ya tenían el reto: ¿cómo anclar un remolcador de manera innovadora? Y ya tenían la contradicción: libre-atrapado. La siguiente etapa consiste preguntarse cuál es el campo del conocimiento más alejado de un ancla que hay en este momento en el salón.

Evidentemente, todos dijeron ¡el teólogo! Entonces, le pidieron al teólogo ejemplos de esta contradicción libre-atrapado en la teología. De los muchos que expuso, el más exclamado fue  “los sacrificios humanos”, ¿por qué? En aquellos tiempos, las tribus capturaban prisioneros para sacrificarlos y que los dioses los liberaran y les dieran abundancia.

Investigaron todo lo relativo a esta práctica antigua. Estudiaron a los Aztecas,  Mayas, Jíbaros, entre otros. Entendieron perfectamente cuál era la filosofía y la práctica de los sacrificios humanos (las prácticas, los rituales, los atributos), y cuando ya fueron expertos en esto, preguntó:

¿Cómo sería un ancla con los atributos de un sacrificio humano?

Dieron muchas ideas, uno de ellos, dibujante, concluyó: todos los buques están lastrados en el fondo donde tienen tanques de agua para que pese más abajo que arriba, de tal manera que cuando el oleaje los mueve, se enderezan por el efecto “péndulo”, si pesaran más en la parte superior, se voltearían. A los remolcadores para barcazas los lastran con lingotes de fierro y plomo. Tienen que ser pesadísimos para que cuando viran en las curvas del río, la corriente no los lleve contra la margen opuesta.

Dada esta información el joven dijo:

¿Qué tal si, en lugar de lastrar el barco, se le pone un doble fondo de fierro muy pesado? De esta manera, cuando el remolcador va a anclar, con un par de motores y unas cadenas simplemente bajamos el doble fondo. Y, sin importar el sustrato del fondo,  anclará por el peso y cuando se vaya, simplemente se sube y se podrá mover inmediatamente.

Esta idea era viable, se podía implementar con el material y con el equipo que tenían en el patio de fabricación, todo lo podían hacer.

Logros, Lecciones Aprendidas y La Posibilidad de Pensar Fuera de la Caja

En seis meses pusieron el primer remolcador con doble fondo en el mercado; en dos años se apoderaron del 72% del mercado de remolcadores para barcazas en Estados Unidos.

Esta forma de anclar el buque no se parece a las típicas anclas que conocemos.

Cuando les copiaron esta idea, regresaron a la lista de los atributos del remolcador ideal y tomaron la segunda cosa que más “valoraban” los operadores…

¡Este es el camino de la innovación continua!

Como ven, sí se puede pensar fuera de la caja. No solos, ayuda mucho que lo hagamos en equipo y, obviamente, debemos tener mucha apertura e invitar a gente que no tenga nada que ver con el giro del problema que se va a resolver, porque cuando se quiere romper un paradigma, no hay nada más peligroso que un experto.

Espero que esta historia haya sido de su agrado y que la explicación haya sido lo suficientemente clara para que vean cómo sí es posible pensar fuera de la caja y saber que existe una metodología muy clara y rigurosa para lograrlo.

Nos encantará ayudarte

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